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Transformación del Poder

Sobre la Verdad
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Sobre la Verdad 

La Verdad es un valor ante el cual una gran mayoría todavía ladea la cabeza y traga saliva. Pocos pueden ponerse a cara descubierta mostrando todo de sí mismos. El interés personal y los pequeños prejuicios llevan a usar y a manipular la Verdad de los otros, jugando con el desconocimiento de la mayoría.

Es escandalosa en nuestros días la manipulación de la Verdad.  Se siente el aire corrompido, como si no hubiéramos aprendido nada de los oscuros pasajes de la Historia de la humanidad.  Parece que seguimos jugando a lo mismo, con formas diferentes.

Siguen cayendo inocentes todos los días sin que las leyes que hemos arbitrado para protegernos puedan impedirlo.

En el ámbito de los poderes, la mentira, la tergiversación de la Verdad, el ocultamiento de parte de ella, la interpretación desde el interés personal, son cartas propias del juego aceptado y admitido como algo natural e inevitable.

Y como pasa arriba, también pasa abajo, en esta estructura piramidal que nos oprime.  Si así es el juego, “no me queda otra que jugar con los mismos valores…” “Así es la vida…” “Si caminas desde la Verdad te atropellan y pierdes…” y parece que la mayoría traga saliva y acepta vivir a medias, mostrando sólo lo que la mayoría acepta, adecuándose a cómo la mayoría vive, desde el esquema que desde los poderes se sigue imponiendo.

Si muestras diferencias eres tratado como enemigo. Si tienes iniciativas eres considerado sectario, si investigas eres tratado como atrevido y por todo ello eres desprestigiado y condenado ferozmente. Eso sí, en nombre de la Verdad y de los derechos inalienables que todos hemos jurado defender.

No se tolera la Verdad al descubierto, porque quizá eso nos compromete a reflexionar sobre nuestras convicciones y modos de vida.  Se siente insultante lo que se presenta como nuevo y a toda costa se cierran los horizontes.

Más allá de lo que nos pasa en nuestro modo social de vivir, la Verdad como valor continúa cabalgando y dando batalla donde se presenta la oportunidad. Está más allá de nosotros y lucha por recuperarnos a todos. Queramos o no, la Verdad acabará triunfando, porque todos hemos partido de ella y a ella regresamos, aunque la negamos y pisoteamos, aunque la queramos manipular.

En su esencia, la Verdad es inmutable y acabaremos aprendiendo suficiente para saber vivir desde ella.

Ese día nos miraremos libremente a los ojos y sin enjuiciarnos, aprenderemos unos de otros, reconociendo la Verdad que cada uno porta.

Descubriremos que la Verdad es Una, mostrada de diferentes maneras. Nos haremos dignos de llamarnos humanos cuando la contienda por prevalecer desde nuestra Verdad personal acabe y podremos tratarnos como Hermanos, recuperando el amor que nos une.

En ese momento, el Gran Maestro descenderá en su viaje, habiendo cumplido su propósito de traer la Verdad a la Tierra.

Nombre Espiritual

Cada individuo desde su nacimiento es identificado en nuestra Sociedad a través de sus apellidos que representan su filiación paterna y materna y el nombre que sus progenitores eligen ponerle.

Este nombre en general es elegido desde el gusto o recordatorio de algún pariente al que se quiere dar continuidad. Algunos usan el santoral católico, otros buscan nombres más alegóricos, temáticos, de la Naturaleza, etc.

Pocas veces el nombre surge de la conexión interna con el Ser al que se va a nombrar. Pocas veces se le pregunta a nivel de conciencia el nombre que ya trae, como traducción de la vibración energética que representa y de la tarea evolutiva que asume.

Este nombre no se puede inventar de forma arbitraria. Cuando se busca con recta intención, este nombre se revela y toma el cauce de la inspiración para poder ser interpretado en la lengua que se habla.

Cuando pronunciamos ese nombre, estamos consolidando la realidad energética del individuo, lo estamos reconociendo en la totalidad que manifiesta y en la tarea evolutiva que asume a través de su Plan de Vida.

En culturas ancestrales se encuentran registros de cómo los nombres que son dados a los niños tienen un significado profundo y revelan su identidad espiritual. A veces el nombre cambia cuando, llegada la pubertad, el individuo ha expresado de forma más notoria su naturaleza y puede representar de forma más completa su misión de vida.

En muchas corrientes espirituales se dan nombres iniciáticos cuando se adquiere un nivel de integración en el desarrollo espiritual. Ese nuevo nombre ayuda al iniciado a recordarse en la realidad espiritual alcanzada y a seguir desarrollándola.

Desde nuestra experiencia sabemos que por diferentes nombres somos reconocidos según el plano en el cual nos manifestamos en esta realidad multidimensional de la cual participamos.

No obstante, nos concentramos en el nombre que representa la misión que en la Tierra realizamos y que integra nuestra vibración espiritual adecuada a ésta. A dicho nombre le llamamos “nombre cósmico”.

En el proceso de reconocernos parte de la Tierra y de activar nuestra participación consciente en su proceso evolutivo, hemos reconocido nuestro nombre en la lengua sagrada del planeta. Esta vibración nos ayuda a enraizar más nuestra misión espiritual en la Tierra y a consolidar la manifestación terrestre que portamos.

Sabemos el lugar que ocupa cada una de las formas de llamarnos. En el contexto de experiencia donde se reconoce esta realidad, usamos nuestro nombre cósmico o terrestre según el aspecto o tarea en la que trabajemos. En la relación familiar tradicional y en la relación social sostenemos los nombres que nuestros padres nos eligieron.

Cuando somos padres, nos conectamos internamente para poder llamar a nuestros hijos de forma directa en su vibración correspondiente.

Personas poco conocedoras de esta relación espiritual, valoran como despersonalización o pérdida de identidad el uso de otros nombres.

Para aquellos que caminan en el desarrollo espiritual, se vivencia como un gran “refuerzo”, al estar en contacto con la vibración energética correspondiente a través del nombre espiritual.

Nadie pierde ni quita nada, sólo se aporta más información y conciencia sobre si mismo.

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